De juguete. Así entró en el escenario, sin hacer ruído, tímida. Fue la primera en tomar asiento, como si los aplausos la intimidaran. Escondida delante de su piano y refugiada entre las teclas. A simple vista piensas: “¿Quien es esta niña que acaba de sentarse delante de un piano y que probablemente se ponga a llorar en cualquier momento?”. Discreción.
Nada que ver con su apariencia. Engaña. Una vez empiezan a asonar las primeras notas cobra vida, y esa muñeca nipona que parece débil y asustada, debilita y asusta. Terrible. Cautivó con su primera intervención en solitario. Fuerza y vigor al mismo tiempo que técnica y delicadeza. En algunos artículos que he leído sobre el concierto la tachan de “circense” y “sobreactuación”, pero transmitir pasión es lo que tiene, no todos son capaces de apreciarlo.
Mi primera cita con Hiromi ha sido algo decepcionante. Ya sabía que ella estaba “featuring” a Stanley Clarke y su joven trio, y que seguramente no tocaría ninguna de sus composiciones progresivas, pero albergaba la esperanza de escuchar alguna.
Un genial Stanley presentó su penúltimo trabajo conjunto “Jazz in the Garden“, aunque no hizo uso del bajo eléctrico y se concentró en el contrabajo acústico que lo acompañaba. Venian con él, el pianista israelita Ruslan Sirota y el también yanqui Ronald Bruner Jr. a la batería.
Normalmente me dejo arrastrar por el virtusismo instrumentalilsta. Pensaba que me ocurriría siempre, pero no. El sábado asistimos a un ejemplo de como no es oro toda la maestría. Me explico. La excelente técnica del batería no llegó a paliar el discreto contenido de sus intervenciones solistas. Impresionaba la velocidad con la que interpretaba, pero también trataba de ocultar unas composiciones discretas y repetitivas.
Me vengo de Hiromi y os dejo con “Kunf-fu World Cahmpion“, ¡ja!.
PD: Pero que maaaaaalo. Para en la siguiente esquina que me bajo (dígase con acento argentino).
Todo resuelto. Mi flamante Vaio reparado con total satisfacción. Además me he dado diez años de garantía, soy así de chulo.
Al final se trataba de un contacto entre un descubierto del cable LCD (el de la entrada anterior) y el recubrimiento metálico del monitor. Cada vez que se tocaban (lo cual ocurría cada vez que se movía la pantalla) la lámpara que ilumina el monitor se apagaba. Con un poco de cinta americana (bárbaro el número de cosas para que sirve este invento) solucionado. Si MacGyver hubiera tenido esta cinta…
Ni tan siquiera he tenido que cambiar el cable LCD. Setecientos euros… ¡já!.
PD: Como es costumbre, me han sobrado tornillos, cinco en este caso.
Eso parece haber caído sobre mí. Casi titulo esta entrada con un “D.E.P. again”, pero parece solucionable el problemita que tiene el portatil que habita por mi casa. Algo malo tendrían que tener los Vaio (de Sony), y hasta ahora no lo había descubierto; el servicio técnico. No es malo, muy al contrario, pero es tremendamente caro. Además con la garantía caducada, la clavada es tremenda.
Como dinero es un recurso muy limitado en mis paupérrimas arcas, he decidido hacérmelo yo solito (como casi todo en esta vida). De este modo me ahorro los más de 750 euros de media y una larga y cara llamada a un 803. Cretinos.
Una vez desmontado el bicho y con sumo cuidado (ya se han ufanado en recordarme mi lamentable actuación con una PlayStation 2 , ¡maldito!), creo haber localizado el problema. Se trata de un fallo en el cable del LCD (pantalla) que la hace parpadear y oscurecerse. Comprobaré esta teoría antas de gastarme 200 eurazos en una pantalla nueva.
Esta maravilla de la técnica japonesa cuesta 32 euros (más gastos de envío of course). Veremos si consigo ahorrarme una pasta o darlo por muerto, que tal y como estan las cosas con el Mister Strawberry’s Fountain será lo mejor.
Fuente: Otra metedura de pata. No aprenderé jamás…
Actualmente es muy común que se invierta gran parte del presupuesto en la música de videojuegos, pero imaginaros en 1993 cuando el disco de Thunderhawk empezó a girar en mi Mega-CD y descubrí una sintonía muy poco común al sonido que mi Mega Drive me tenía acostumbrado. Normalmente la musiquilla de los videojuegos de aquella época era una especie de pitidos (siempre hay excepciones como el genial Yuzo Koshiro) dando forma a un techno machacón que te cansaba a los treinta segundos de empezar a jugar.
Sorpresa cuando arrancó y comencé a escuchar los acordes de una guitarra eléctrica muy bien traída a la mecánica del juego. Pero no sólo eso. Acompañado de batería, bajo y un sintetizadorcillo (no va aser perfecto), me ofreció una banda sonora más que digna. No en vano ese disco se utilizó más como audio CD que como game CD. Todavía hoy lo tengo como oro en paño y hace unos días (bastantes) lo rescaté del ostracismo al que lo tenía sometido.
Una muestra.
Como la curiosidad me puede, me he peleado con Internet para sonsacarle el nombre del compositor de este disco: Martin Iverson. Este inglés es el responsable de la música de videojuegos como la saga de Tomb Raider (casi toda), Jaguar XJ220, Wolfchild, Fighting Force y, por supuesto, la segunda parte de Thunderhawk entre otros. No tardaré mucho en buscar las bandas sonoras.
Sobre el videojuego; correcto. Recuerdo que me enganchó su ajustada dificultad y sobre todo la acción con la que cuenta. Muy recomendable. Desempolvaré mi Mega-CD este fin de semana (o mejor juego en un emulador, que me da miedo entrar en mi trastero). ¿Os imagináis a un barbudo imberbe escuchando esta música y pilotando un AH3?…
“At Home” es el disco que se encuentra a la altura del conciertazo que vimos en San Javier. Y no es que el resto de álbumes estén mal, pero es mucha altura la que hay que superar.
Es la primera vez que asisto a un bis improvisado. Hasta cuatro veces tuvieron que salir al escenario para saciar las ganas de todos los que estábamos allí. Terrible. Tres de esos bises estaban preparados, pero las caras de la última vez que salieron al escenario les delató. Se miraron entre ellos como diciendo: “¿que tocamos ahora?“. Y no defraudaron. “This is for dance” acertó a gritar antes de comenzar la última canción. Y así fue.
Acertó con la mezcla de ritmos orientales (del próximo) y un rápido jazz fusion que encandiló desde el primer momento. Muy distinto al fusión al que estoy aconstumbrado y que no termino de entender.
Una más que agradable sorpresa y otro que entra de forma triunfal a mi discoteca particular.
Impresionante Avishai Cohen Quarter. A pesar del afán de protagonismo que la “profe” les atribuye a los contrabajistas, éste sin duda se lo merece. Hacer un sólo de contrabajo es harto complicado por el homogéneo registro de sus notas, pero Avishai sacó partido a un instrumento tan grande como sensual (¿su forma no os recuerda a una mujer de espaldas?).
Otro gran discípulo de Chick Corea. Me pareció reconocer algunos acordes de canciones de Hiromi, ¿influencias de un maestro común?.
Sin lugar a dudas, y como bién me apuntó 109, el mejor contrabajista que hemos visto en directo. Difícil de superar.
El próximo sábado toca en Valencia, puede ser una buena opción.
(EDITADO)
Y tanto que fue una buena opción, buenísima. Aunque esta vez venía acompañado de dos tipets más (sexteto). Genial de nuevo.
Por sorpresa me he encontrado con un atractivo concierto doble en tierras pimentoneras. En ellas se celebra un año más el Festival Internacional de Jazz de San Javier, ¿imaginais dónde?. No me había planteado ir, pero la curiosidad de un tipejín muy particular me va a permitir descubrir a un saxofonista tenor (y soprano) esta misma noche. Influenciado por los mejores vientos del jazz internacional (John Coltrane, Ornette Coleman, Sonny Rollins, Wayne Shorter o el inmortal Charlie Parker), Marcus Strickland Quarter viene a mostrarnos su última composición, un disco lleno de baladas, como antes lo hicieran otros. Esperemos que imprima algo de buen Bebop entre balada y balada.
La otra sorpresa viene de la mano del israelita Avishai Cohen y su quinteto. Si hace poco hablábamos de uno de los mejores contrabajistas de mundo “jazzero” (Charlie Mingus), hoy voy a tener la posibilidad de escuchar a un contrabajista lider de una jazz band en directo. A ver como suenan.
Hasta los superhéroes de videojuegos de los 90 lo tienen claro. Nunca un video fue tan ilustrativo como el me ha enviado 109 (Danke!). Basado en los gráficos del juego Wonder Boy in Monster World, JOHO studios ha creado una historia tan real como la vida misma. No os perdáis el final. Grande… muy grande.
Podría ser una novela de Michael Crichton, una serie de películas de terror o el apodo de una de las médicas del equipo de disgnóstico del Dr. House. Pero no. Se trata de la posición en la que me he quedado este año en mi pesadilla particular.
Si lo analizamos desde el punto de vista estadístico, 13 de 56 no esta mal. Si lo analizamos desde el punto de vista del número de plazas (3), es un rotundo fracaso (again). Y bién, esta última sensación es la que arrastro. Lamentable.
Tendré que revisar mi metodología y hacer un último intento. Me pondré en manos de profesionales.
Fuente: Sin fuerzas ni posibilidad de exprimir el jugo. Lástima.