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Antes de iniciar uno de los viajes más largos que voy a emprender nunca, no he querido dejarme a nadie en la estación. Así que he pensado llevármelos conmigo. Con este pensamiento se me ocurrió que cada uno de vosotros me dejárais un recuerdo en una de mis blancas, sosas y grandes paredes.

Sé que parece una locura, pero resulta reconfortante atravesar el pasillo cada mañana para rescatar un café de la cocina y encontrase con esos que en algún momento han estado ahí y nunca se han ido, no puedo evitar releer cada una de vuestras “píldoras de afecto”.

Todavía no estáis todos, pero confío que pronto lo estaréis. Os iré publicando en estricto orden de escritura… si nadie dice lo contrario ;-) .

Gracias a todos feos!!

Fuente: Una cerveza tumbado en el sofá anarquista.