
Esto lo ví ayer mientras almorzaba y me recordó una escena digna del mismísiso Franz Kafka; ya no recuerdo el año, Colonia, Catedral de esa misma ciudad… nos acercamos a contemplar su magestuosidad y comenzamos a escuchar una estridente sintonía… “Clavelitos, clavelitos, clavelitos de mi corazón…“. Una tuna formada por sudamericanos situada a los pies de la catedral gótica más impresionante que he tendio oportunidad de ver… Kafkiano, lo que yo te diga.
Por cierto, tiene razón Forges, si se instaurara esta sanción para los conductores, nadie se saltaría los límites de velocidad.
Fuente: Un órdago al Discóbolo.
Pues sería en el 2004 o 2005, creo….
Jajaja! Tranquilo que te llevaré pronto a ver El Discóbolo, pero corres el riesgo que me ponga yo a hacer de “Discóbolo”, para que sea más didáctica la exposición, y éso acarrea efectos secundarios importantes. Ríete tú de la famosa “Gripe A”.
Digno de ser visto.