Siguiendo con la reconstrucción de mi discoteca, ayer llegó el turno de una carpeta con el apasionante nombre de “Blues”. En ella me encontré con  Jeff Healey, bluesman ciego y de cuerdas trepidantes. Esto me condujo a hacerme una pregunta: ¿conozco a algún otro bluesman ciego? (yo es que me pregunto unas tonterías). La respuesta fue que no.

Poco tardé en encomendarme al Dios Google y él, de forma eficiente, me dovolvió un sinfín de nombres poco conocidos para mí: Blind Willie McTell, Blind Blake, Blind Lemonn Jefferson, Blind Boy Fuller, Blind Willie Johnson, Blind Rev. Gary Davis, Blind Snooks Eaglin, Blind John Henry Arnold, Blind Joe Taggart, Blind Roosevelt Graves, lista a la que he añadido a mi conocido Jeff Healey.

Además de encontrar toneladas de música nueva por escuchar, también me encontré con una teoría sobre la proliferación de músicos ciegos realizada por Joka Blues (usuario de tipete.com). Sostiene que durante la crisis de 1929 las personas con alguna discapacidad estaban condenadas a morir de hambre. Encontrar un quéhacer se hace fundamental para lograr la supervivencia. Si a esto añadimos la agudeza del resto de los sentidos para superar la cegera, nos encontramos ante una oleada de músicos con una “ventaja” sobre el resto de bluesmen.

Ya tengo deberes.

Fuente: Una lenta reconstrucción.
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